Joaquín Toledo
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Joaquín Toledo, especialista en historia universal, con amplia experiencia en investigaciones sobre Guerras y Conflictos mundiales.
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Hernán Cortés Monroy (1485-1547), sería el protagonista de una verdadera proeza al conquistar, con no más de 1,000 españoles a su mando, un enorme imperio de millones de súbditos. En la historia, pocas campañas militares han tenido tal dosis de suerte, perspicacia, crueldad, diplomacia y precisión. Los cimientos de la futura nación mexicana, son justamente el fruto de esa campaña.
Mágica, semi-legendaria pero real, la guerra entre aqueos y troyanos es una de los sucesos más importantes en la identidad de la cultura occidental. Cantada por Homero, esta guerra determinó la supremacía e influencia de Grecia en los mares mediterráneos a partir del siglo XVIII a.C.
Desde épocas antiguas, el consumo del opio fue considerado por distintas culturas occidentales como una panacea universal. Sin embargo, cuando el somnífero fue introducido por mercaderes ingleses en China, es cuando el hábito de consumirla se transformó en un decadente problema social que el emperador Daoguang decidió terminar. He ahí el génesis de las dos célebres guerras del Opio (entre 1839 -1860).
Tras el triunfo en el año 1071 de los turcos selyúcidas en Siria y Palestina y la toma de Jerusalén, el Islam se hallaba a casi un paso de ingresar a Europa. Alejo Comneno, emperador de Bizancio, pidió ayuda al papá Urbano II quien en el famoso Concilio de Clermont, organizó la Primera Cruzada (1096-1099) bajo el lema: Deus vult! (¡Dios lo quiere!).
Desde 1588, el rey español Felipe II de Habsburgo había estado madurando la idea de un ataque a la Inglaterra de la “Reina Virgen” Isabel I, de espinosa relación con el país. Para el efecto, mandaría crear una poderosa flota naval de 130 embarcaciones que avistadas en puertos ingleses, provocaría el pavor del Imperio. La Grande y Felicísima Armada Española estaba ya en aguas británicas, dispuestas a tomar el país. Había llegado la hora de defenderse.
Culminadas dos de las tres guerras médicas entre el mundo heleno y Persia, un nuevo orden se había instaurado en el mundo occidental. Los griegos, victoriosos, entraban a su edad de Oro de la mano de Pericles. Sin embargo, el gran ascenso de Atenas motivaría el recelo del otro gran estado griego, Esparta, que le declararía la guerra.
Escasos hechos en la historia tan decisivos para el futuro de la humanidad como los 3 episodios de las llamadas Guerras Médicas entre Grecia y Persia, representantes de formas contrarias de sentir el mundo. El curso final de estas batallas, de traslúcido resplandor helénico, permitiría a Oriente y Occidente desarrollarse en forma paralela prácticamente, hasta nuestros días.
La derrota de España frente a Estados Unidos por el control de Cuba y la consiguiente firma del Tratado de París, no significó, previsiblemente, un mejor futuro para el país. Esto motivaría a un grupo de rebeldes, encabezados por un joven e idealista Fidel Castro, a elevarse en armas contra el presidente Fulgencio Baptista en 1958. El inesperado triunfo del llamado Movimiento 26 de julio, cambiaría el futuro del país.
El tercer y último capítulo de esta guerra prolongada. La lucha militar y religiosa entre católicos y protestantes por la supremacía en Europa estaba llegando a su final. En 1632, el protestante Gustavo II Adolfo de Suecia y las fuerzas católicas de Albretch von Wallenstein, se encontraron en Lützen (Alemania) listas para decidir el curso final de la guerra. Sin embargo, la inesperada intervención francesa marcaría un último aliento a un conflicto que para ese entonces, ya tenía 14 años de durac
Hacia el siglo XV, la expansión del Imperio Otomano parecía indetenible. Los turcos, gobernados por el Sultán Selim II (1524 –1574), advirtiendo las debilidades de los países cristianos, planeaban extender su influencia hasta el mismo corazón de Europa. Pero las fuerzas cristianas combinadas, en aguas del mar griego, les presentarían batalla.
