Pablo Rodríguez Barreiro
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Nacido en Santiago de Compostela (España), trabajo como responsable financiero de un grupo promotor. Anteriormente, desempeñé mi labor en la consultoría de empresas y como analista de gestión en un importante grupo español de la Distribución alimentaria. Soy licenciado en Ciencias Empresariales, postgraduado en Auditoría de Cuentas por la Universidad de La Coruña, y máster MBA por la escuela superior GADE. Me gustan los deportes y la informática, me encanta leer y me apasiona la economía, tanto a nivel macro como en el ámbito empresarial. Me gusta analizar el porqué de las cosas y aprender de los demás.
Actividad Reciente
Hay que reconocerlo, además de un lógico deseo de mejorar, nos mueve la envidia, los deseos de ser mejor que el vecino, el compañero o el amigo. Esto da lugar a situaciones que, analizadas desde la fría perspectiva de los números resultan, cuando menos, curiosas.
He comentado ya en alguna ocasión que en muchos casos se produce una deficiente comprensión del mensaje que pretendemos transmitir, por diversos motivos, que en algunos casos serán achacables a nosotros mismos, en otros a nuestro interlocutor, y en ocasiones puede ser que el medio a través del cual se transmite el mensaje no sea el más adecuado.
Todos tenemos de vez en cuando una idea (que consideramos) genial. Es evidente que hay personas más creativas que otras, igual que hay gente que dibuja bien porque tiene ese don, y otros no lo tenemos. Sin embargo, la creatividad depende de otros factores, se puede “cultivar”, y existen diversas técnicas de generación de ideas.
La crisis trae consigo grandes dosis de nerviosismo y cambios de criterio por doquier. Las ventas no se concretan, las cuentas no salen, y la búsqueda de soluciones lleva en muchos casos a trabajar de un modo inadecuado. Hoy voy a hablar de una palabra un poco engañosa, la multitarea.
Las empresas punteras destacan por la búsqueda de la excelencia en todos los detalles...
Uno de los gurús de la gestión empresarial, Stephen Covey, autor del best-seller Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, dice una frase perfectamente aplicable a la situación actual: “siempre hay que tratar a los empleados exactamente como queremos que ellos traten a nuestros mejores clientes". Y es que por mucha palabrería y mucho management de salón que queramos aplicar, si los empleados están desmotivados, desanimados o malhumorados, ¿cómo van a atender bien a los clientes?
Vivimos tiempos difíciles, y todas las ventas son buenas, todos los clientes son valiosos para las empresas y apreciados por éstas. ¿O no?
Decía un compañero mío, que era responsable de marketing, una frase que siempre me pareció –como mínimo- un poco extraña. “El caso es que hablen de nosotros, aunque sea mal”.
Los jefecillos son aquellos personajes que más que dirigir entorpecen... Hoy quiero dedicar el artículo a una especie a extinguir, esos excelentes motivadores, y les he preparado un decálogo de actuación, para que no se les olvide ningún detalle.
Vivimos tiempos complicados en el ámbito profesional, y sus efectos se trasladan en muchas ocasiones a la vida personal. Como comentaba en un artículo anterior, la actividad de muchas empresas está focalizada en una gran cantidad de tareas que no significan un valor añadido en sí mismas, y además, en muchos casos el trabajo se reparte entre menos personas, a causa de las reducciones de plantilla.
