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El desarrollo de los hechos y los números son una clara evidencia. En 60 años de independencia se pasó de una sociedad altamente militarizada pero dirigida por civiles a una sociedad prácticamente desvinculada del ejército, pero con una conducción altamente condicionada y orientada por concepciones de militares activos y de reserva.
La visión de imponer una solución en el conflicto con Hammas solo por medio de la disuasión del uso de la fuerza ya toca fondo y claramente se convirtió en un serio error estratégico. El gobierno y el comando superior del ejército de Israel están demostrando a vista de todo el mayúsculo fracaso en su función más importante: brindar seguridad a sus habitantes. La realidad pega fuerte y muestra que glorificar la fuerza como poder de destrucción al enemigo puede llegar a convertirse justamente en una desventaja.

