La Felicidad Plástica
Por Martín Palma Melena
Blog: Carta Náutica
Una entrevista de la BBC nos hizo conocer al profesor Tal Ben-Shaler, cuyas clases de Psicología Positiva son las más populares entre los alumnos de la Universidad de Harvard porque les enseña cómo ser felices.
Según Ben-Shaler este curso «se centra en la felicidad, la autoestima y la motivación» y les da a los estudiantes «herramientas para conseguir el éxito y encarar la vida con más alegría».
De dicha entrevista desprendo algunas ideas principales de este académico: cambia tu visión del mundo y tus estados de ánimo e incrementaras tus niveles de felicidad; no te enfoques en lo negativo sino en lo positivo.
Ben-Shaler dice que «la principal lección para mis alumnos es que la felicidad está en nuestro estado de ánimo» y no niega que las circunstancias externas son importantes porque «a una mujer que vive en Darfur, Sudán, se le haría difícil alcanzar la felicidad, pero más allá de las condiciones y las libertades básicas, la felicidad hay que encontrarla en nuestro propio estado de ánimo». Por la repetición de ciertas frases, bien podríamos afirmar que toda la idea de felicidad de este profesor se funda en el estado de ánimo.
Digamos que soy un buen alumno de Ben-Shaler y aplicaré su filosofía como la he entendido. Debo primero enfocarme en lo positivo para cambiar mi visión de las cosas, sentirme bien y, así, ser feliz y finalmente lograr el éxito. Estas ideas son muy interesantes y también ciertas, el problema es que tengo el mal hábito de siempre ponerme de abogado del diablo.
A veces podríamos no sentirnos nada bien, y cambiar nuestra visión del mundo sería casi imposible porque la realidad que podría rodearnos sería tan negativa que no tendría ningún aspecto positivo donde enfocarnos. Es verdad que autoestima y motivación son importantes, pero estás serán muy frágiles si sólo se basan en un buen estado de ánimo. No se preocupen, no soy pesimista, sigan leyendo…
No niego que las teorías de Ben-Shaler son interesantes y encierran muchas verdades, pero parecieran sugerirnos que en el fondo la felicidad se reduce a sentirnos bien, a sólo enfocarnos en lo positivo de la vida y cosas similares, algo que sonaría a chiste cruel a la misma mujer de Darfur citada como ejemplo por él mismo.
Sí creo que la felicidad existe; pero también, que ésta no se reduce a efímeros momentos ni tiene como condición imprescindible un buen estado de ánimo. Sé que muchos pensarán que estoy loco pues ¿cómo podríamos ser felices sin sentirnos bien? Todo depende de qué entendamos por felicidad, de la que desarrollaré conceptos con los que me siento más seguro, aunque no sean perfectos, pues tampoco pretendo crear una nueva filosofía, y entiendo que cada quien tiene derecho a imaginar la felicidad que más guste.
La felicidad no la asocio tanto a esos momentos fugaces de tanta excitación que sentimos el pecho henchido a reventar. Claro, quién no gusta de esas situaciones placenteras cuando por ejemplo se concretan ciertos sueños, pero ¿al punto de estar tan embriagados de dicha que después no podamos concentrarnos en nuestras obligaciones cotidianas o terminemos envaneciéndose, lo que sería hasta contraproducente? Claro, es muy legítimo alegrarse y todos no somos iguales: algunos son más calmados y otros, tan emotivos que los momentos tristes o felices los sienten con mayor intensidad que el resto, algo que podría serles perjudicial para la salud por ser ya muy sensibles o por su edad avanzada.
Sin tampoco ser extremistas, en las buenas o en las malas siempre lo mejor es estar sereno y evitar esos estados alterados de conciencia, aun cuando nos hagan ver todo de color de rosa, y es que si la extremada tristeza nos hace ver las cosas más oscuras de lo que son, la extremada alegría tampoco es que nos haga demasiado objetivos, quizás por eso la sabiduría popular nos enseña que los extremos son malos…
Por eso tal vez la felicidad me parece más reposada, más una certeza del sentido que tienen las cosas que hacemos, tengan o no éstas los reconocimientos o resultados esperados; felicidad que así entendida podría ser más duradera y carente de esa angustia de perderla por esos azares de la vida, como el desempleo, una frustración amorosa, un mal negocio, etcétera… Y aquí diré algo que sonará incoherente para algunos: quizás podamos ser felices sin que siempre tengamos que sentirnos bien. Es decir, no está mal sentirse bien pero no es el único síntoma para medir la felicidad. Me explico, podemos sentirnos muy bien por ejemplo consumiendo drogas o teniendo una vida promiscua, pero estando en el fondo muy vacíos, solos e infelices, paradoja que me sugiere que tal vez la felicidad no consista sólo en sentirse bien, sino sobre todo en hallarle sentido incluso a las adversidades y sacrificios aunque nos sintamos pésimos…
Incluso si creyéramos que la felicidad no son breves momentos sino un eterno sentirnos bien, bien podríamos caer en una ficción, porque malos momentos los tienen hasta aquellos con todo lo presuntamente necesario para jamás sufrir… También podríamos asociar erradamente felicidad con riqueza, que indudablemente ayuda mucho, pero si somos pobres ¿estaremos entonces condenados a la infelicidad porque no hay muchos motivos tangibles para sentirnos bien? Y ojo: no digo que el dinero no ayude, pero tampoco garantiza nada…
Como ya dije, más que meros sentimientos, la felicidad me parece más reposada, equilibrada y asociada con el sentido encontrado en las cosas que hacemos, pero esa tranquilidad no es el letargo del opio; no es evadir la realidad como avestruz que esconde la cabeza en un hoyo sin importarle que el mundo estalle en mil pedazos; no es negar las inevitables tristezas de la vida, sino hallarles a éstas un sentido.
Tranquilos: ya dije que no soy un pesimista, pero creo que me dejaré entender mejor filosofando menos y siendo más concreto.
A veces por más que queramos es difícil enfocarnos sólo en el lado positivo de la vida, porque quizás éste no exista por situaciones demasiado adversas (y no necesariamente porque estemos en un campo de concentración nazi sino en situaciones más ordinarias como el desempleo), pero incluso así, a lo que siempre podemos aspirar es a hallar un por qué y un sentido a esas contrariedades.
Por ejemplo, la hipotética mujer de Darfur mencionada por aquel profesor de Harverd. Ella quizás pudiera estar padeciendo la amenaza de una limpieza étnica (al menos eso sé de esa región por algunas noticias), pero bien podría tener un hijo en los brazos que le dé sentido a su lucha por vivir. No niega la realidad pero tal vez sueña con ver a su bebé crecido, casado y rodeado de hijos; tal vez entiende que esas adversidades bien podrían servirle para fortalecer su coraje y, así, superar desafíos mayores, pues las situaciones difíciles pueden ser curiosamente verdaderas instancias de crecimiento personal, donde bien podríamos desarrollar capacidades que de otra manera se hubieran obstruido y que nos serían útiles incluso para lograr metas con las que probablemente antes no hubiéramos ni soñado. Es más, esta mujer de Darfur tendría razón más que suficiente para seguir queriendo vivir con la certeza de que las cosas siempre ocurren por algo, de que siempre subyace un porqué a descubrir aun tras situaciones tan crueles que excedan incluso los límites de la razón; certeza que finalmente es una forma de conservar la Fe en la vida…
Y esto me lleva a otro punto, el solo hecho de saber que nada ocurre por caótica casualidad sino que todo siempre responde a un porqué, bien podría hacernos enfocar positivamente hasta los peores problemas, y esto no es caer en un ingenuo optimismo ni negar alguna cruda realidad, sino contrariamente nos exige afinar la capacidad de comprensión… Créanme: dos personas con los mismos problemas los enfocarán de manera diferente si una cree que todo es azar caótico y la otra, que todo tiene siempre un porqué, y esto último es mucho más que sentirse bien, es encontrarle sentido incluso a la vida más difícil, algo que permite vislumbrar oportunidades aun en las peores crisis…
Bajo esta lógica, nadie niega que dicha mujer de Darfur sentirá miedo y sufrirá, pero paradójicamente también podría estar tranquila, si sabe que hasta las vidas más complicadas siempre tienen un sentido, un porqué, y eso es mucho más de lo que podrían pedir muchas divas del Cine que terminaron suicidándose por su gran vacío existencial, aun cuando tenían todo para ser felices: dinero, belleza, éxito…
Y esto me lleva a otro punto, la felicidad no es tanto un sentimiento de bienestar como la certeza de que todo en la vida tiene un sentido aunque a veces no lo encontremos por ningún lado, pero teniendo la certeza de que existe; sentido cuyo desafío es casualmente descubrirlo, razón más que suficiente para seguir viviendo. Nadie le esta pidiendo a esa mujer de Darfur que tenga un buen estado ánimo pero siempre puede aspirar a ese sentido vital, y eso es mucho más de lo que consiguen muchas estrellas Hollywood con todo el dinero del mundo. Allí tenemos a la célebre Marilyn Monroe, encontrada muerta en su habitación con un frasco vacío de pastillas para dormir. Claro, las teorías conspirativas dicen que habría sido asesinada por las altas esferas del poder, pues sabía demasiado, pero no es novedad para nadie que feliz no era la hermosa rubia…
Otro error bien podría ser confundir felicidad con éxito entendido como ahora: trofeos, reconocimientos, primeras planas, flashes de fotografías. Si eso es felicidad y éxito excluiríamos a muchos, incluso contentos con su anonimato, con razones suficientes para sentirse felices y exitosos sin encajar en esos estándares de supuesta felicidad. Eso explicaría la presión que muchos jóvenes japoneses deben sentir tan prematuramente para concretar tales ideales de éxito, desde que algunos de ellos suelen organizar suicidios colectivos, tras contactarse en ciertos sitios de la Red, fenómenos muy preocupantes porque más que casos aislados ya parecen verdaderas tendencias, a juzgar por las noticias…
Incluso recuerdo cierto pasaje de la película Bowling for Columbine (2002). Allí Michael Moore entrevistaba a un joven de esa localidad, donde unos adolescentes perpetraron allí una masacre (1999). Aquella entrevista me sugirió que aquellos precoces criminales seguro crecieron en un entorno donde debían sacar altas calificaciones o ser grandes deportistas o muy populares, y si no serían de por vida unos perdedores (unos loosers) y ya no tendrían nada a qué aspirar. Todos sabemos que eso es falso, pero para un adolescente, con poca madurez y muy sensible, estas presiones son muy dramáticas. Entonces, comprendiendo que nunca llenarían las expectativas de padres y maestros y de la sociedad en general, aquellos jóvenes lunáticos de Columbine bien habrían buscado ser valorados de otras formas más siniestras. Esto no justifica en nada lo que hicieron pero bien podría ser una aproximación al problema: tal vez si algunas personas descubren que jamás serán valoradas según los criterios impuestos por la sociedad, no necesariamente los mejores o más justos, entonces el reconocimiento bien podrían buscarlo por caminos errados y quizás hasta terribles… Claro, con un acto criminal sólo se gana el rechazo, pero ¿acaso eso no sea para algunos un recurso desesperado para lograr una atención que nunca hubieran logrado de otra forma? Estos jóvenes que masacraron a sus compañeros en Columbine bien pudieron concluir, llevados por una alienación de niveles patológicos: «Si nunca seremos los más populares ni con las chicas ni en los estudios ni en los deportes, entonces seremos los mejores Serial Killers…». Entiendo que esta afirmación pueda parecer controvertida, reductiva y hasta chocante, pero no pretende ser más que una de tantas aproximaciones a un problema mucho más complejo, como ya dije, y nos hace preguntarnos si acaso no debiéramos plantearnos una felicidad más auténtica y sólida, que no obligue por ejemplo a una adolescente a conseguir aceptación volviéndose anoréxica o tiñéndose el cabello de rubio para entrar, muchas veces sin éxito, en cánones de belleza ficticios, estrechos y tal vez condicionados por intereses económicos. Una amiga narraba en su blog como ciertas tiendas por departamentos vendían tallas cada vez más pequeñas de ciertas prendas femeninas, algo que volvería a muchas jóvenes potenciales clientas de muchos gimnasios, y sólo para poder usar lo que está de moda: si esas no son presiones no sé qué más podrían serlo; presiones a las que son más vulnerables los jóvenes en sociedades cuyas concepciones de éxito son tan angostas como el consumismo o la belleza; presiones con las que frecuentemente no tienen madurez y criterios para lidiar, de allí que sean tan importantes temas aparentemente muy etéreos como la auténtica felicidad, algo que empezaría con un cambio de la cultura contemporánea, porque si la felicidad radica en ser bello, adinerado y consumista, pues la gran mayoría de jóvenes se sentirán excluidos, y no es que por ello terminen siendo Serial Killers, pero hay otras válvulas de escape que no por ser menos espectaculares son menos nocivas: el éxtasis, el alcohol, las opciones políticas radicalizadas y hasta subversivas, según cada realidad socioeconómica…
No se trata de ponernos dramáticos, sino de precisar que quizás muchas de estas tragedias mencionadas se evitarían si aspiráramos a una felicidad que no por más realista sería menos atractiva. Una felicidad entendida pobremente afectaría incluso a sus aparentemente favorecidos, volviéndolos adictos a un éxito que finalmente les sería tan efímero como la juventud, la belleza o un cuarto de hora de fama; éxito con cuyo declive no sabrían cómo lidiar por el vacío que sentirían y que sería muy similar al síndrome de abstinencia de un fármaco dependiente: no olvidemos lo adictos que suelen volverse ciertos artistas a los aplausos…
Quizás el secreto de la verdadera felicidad resida en entender que en la vida pocas cosas son realmente imprescindibles (la familia, los hijos, una vocación, un ideal) y que lo demás va y viene; pocas cosas pero más estables, duraderas y seguras, y de allí que podamos vivir más tranquilos sabiendo que esa felicidad no será deslumbrante, aunque sí atractiva y más sólida.
Como repito por enésima vez, no es que sea un pesimista, pero hay algunos conceptos de felicidad que me parecen demasiado plásticos para mi gusto…
Fuentes:
Cfr: En Harvard se aprende a ser feliz
BBC de Londres
27 de abril de 2006
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/international/newsid_4931000/4931180.stm
Hacer una pregunta
La felicidad no es una cuestión de fe, de opinión ni de debate, sino de método científico. La felicidad NO es un golpe de buena suerte que debemos esperar como el momento supremo de algo que venimos esperando, tampoco es algo que vamos a encontrar como cuando conseguimos un buen trabajo o encontramos al hombre perfecto. Si deseamos alcanzarla, debemos enfocarnos en la " creación o construcción " de nuestra felicidad, en lugar de estar "buscándola" constantemente.
Todos vamos en busca de la famosa felicidad. Trabajamos, nos relaccionamos con otros seres humanos, formamos una familia y todo con el objetivo de llegar a encontrar esa felicidad plena. Pero que es en realidad la felicidad?, donde esta la felicidad?
Es la autoayuda un método real o un engaños para aprovechares de la necesidad de las personas.........aut
Una cosa es estar vivos y otra es vivir la vida, recuerda Alex Rovira en una sugerente reflexión.
En este momento seguramente piensas que esa persona que te dejó, era la que te brindaba felicidad, y que ahora que te ha abandonado, el dolor se instalará en tu corazón, hasta que encuentres otra persona que te contenga.
Algunas personas creen que la programación mental poderosa consiste en un montón de conjuros extraños en una cueva oscura, nada de eso, ocurre todos los días con las actividades cotidianas, pero con la gran diferencia que las mentes preparadas saben ver detalles que otros pasan desapercibidos y aprovechan hasta los mínimos detalles para generar poder para el cumplimiento de sus metas y objetivos.
Que tenemos que cambiar dentro de nosotros para recibir toda la abundancia de amor, de dinero, de felicidad que deseamos. ¿Por qué ordenamos con escasez en el restaurante universal?
A todos, creo, sin excepción, nos han pasado situaciones o eventos desafortunados en la vida, los cuales han traído un sufrimiento de tamaños o índoles diferentes, según cada individuo. Para unos, el sufrimiento es más grande que para otros, aún cuando el suceso sea el mismo.
En esencia, éste pergamino nos hace ver la vida de otra manera; ¿Por qué estresarnos por algo antes de que ocurra? ¿Por qué preocuparnos si al final todo pasara? Y aunque no salga bien o como esperabas, simplemente ríete, aprende, continúa con tu vida y échale más ganas a la próxima. Tendrás una vida más saludable y llena de alegría si la risa está presente en tu día a día.
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